"Proof":las matemáticas hechas emociones


Proof es prueba. La demostración que conduce a la certeza. De ahí que “Proof”, obra escrita por el norteamericano David Auburn que actualmente pone en escena el Teatro de la Universidad Católica, sea un verdadero ensayo sobre los límites. Un montaje que concentra la atención, bien hecho, con muy buenas actuaciones.


Áridas para muchos, las matemáticas abordan cuestiones tan vastas como es el tema de los límites. Hasta qué punto una cualidad –por su solo ejercicio– no se vuelve un vicio, o cuándo podemos asegurar que el genio frente a quien estamos es un loco. Pues bien, en ese borde es que se concentra “Proof”, drama escrito por David Auburn, ganador del Pulitzer 2001, y que presenta el Teatro de la Universidad Católica hasta agosto.

Robert (Willy Semler) no cuenta íntegras todas sus facultades mentales, pero ha sido capaz de manifestar una lucidez desconocida en las matemáticas, creando un par de teorías que las revolucionaron valiéndole el respeto y la admiración de sus colegas. Su hija Catherine (la debutante Moira Quappe), no obstante evidencia trastornos anímicos de importancia, analiza situaciones sensibles de una muy madura manera. ¿En qué momento pasan de la inestabilidad a la certeza? ¿Cuándo se pierden sus conciencias?

El calvario de tener un padre brillante

Una magnífica escenografía (de Ramón López) nos traslada hasta un muelle casero de las afueras. Sabemos que la casona está más allá y, más lejos aún, la universidad de la cual Robert fue un destacado docente. La sensación de abandono de la que da cuenta la locación habla de cómo los habitantes de esa residencia se fueron transformando en fantasmas, aislados. Ahora bien, el delicado trabajo que en el montaje se realiza con las luces profundiza el volumen y los ambientes del muelle mismo, una acabada estructura de madera a la que acompañan unos juncos y una mesa de exterior.

El relato de “Proof” es anacrónico y está constituido tanto por recuerdos como por hechos. Sólo el desenlace de cada escena nos deja en claro qué posición ocupa ese momento específico en la línea del tiempo de los sucesos.

Catherine recibe, en sueños, la visita de su padre, quien dosifica en iguales medidas el cariño y la aceptación, por un lado, y el reto y la crítica. Hasta dónde el amor es necesidad y hasta dónde entrega genuina: cuándo cobramos por querer. Pero Catherine conoce el precio y lo paga: ella ha dedicado buena parte de su juventud a cuidarle, sacrificando de paso sus posibilidades de transformarse en una científico. La admiración que siente, pasa sutilmente a ser piedad cuando mira a Robert y ve cómo sufre por haber perdido el genio que otrora le hiciera tan respetado.

De la misma manera, o de una similar, la joven salta olímpicamente de la culpabilidad a la autocompasión. Una mártir a la que nadie reconoce. Escasa, además, de herramientas para construir una vida social, se le aparece Harold (Benjamín Vicuña), un alumno de su padre que pretende salvar su carrera descubriendo algún documento de valor matemático que pudiera haber escrito Robert en medio de su delirio.

Nerviosos ambos, inútiles socialmente, el encuentro inspira tanto ternura como risa. Vicuña despliega un talento superior para convertirse en un nerd lleno de torpezas y gestos, así como para darle una doble profundidad: Harold podría resultar ser un inteligente y puro joven tanto como podría esconderse en él un oportunista, egoísta y común y corriente sujeto. Una interpretación formidable. El romance entre Catherine y el estudiante nace, estando un beso y un saludo matutino entre las escenas que más tensión logran en el montaje.

La mente que no es brillante

El eje de la narración lo constituyen los episodios de encuentros y desencuentros entre el genio y Catherine. Lo complementan los segmentos de conversaciones entre ella y su hermana Claire (Berta Lasala), y la relación que establece con Harold. Hay referencias a segmentos anteriormente mostrados, algo que encadena hechos y que pretende justificar algunos detalles incluidos.

Claire es, aparentemente, la mala de la historia. Por ella, al padre habría que haberlo internado en una institución. Además, ella no tiene talento para la ciencia, es simplemente una agente de Wall Street. Exitosa, de buen pasar, pero la genética fue esquiva con ella: le dio un cerebro menos dotado que los de su hermana menor y de su padre; y mucho más sentido común. Ella no es especial, y en este templo dedicado a las matemáticas que es la casa, se le rinde culto a las abstracciones y se compite desenfrenadamente por ser únicos, brillantes y reconocidos.

No obstante, nuevamente se ensaya sobre los límites en el personaje que interpreta Berta Lasala. Ella es fría y práctica, y todo lo que le diga a su hermana es considerado de Perogrullo, demasiado superficial de partida. Sin embargo, Claire mantuvo económicamente la casa, e incluso se ofreció a pagar los estudios de su hermana. No, su entrega no es total. No estaba dispuesta a convertirse en una enfermera a tiempo completo de un viejo chantajista. Pero su soledad es tanto o más profunda que la de su hermana, la mártir, pues sus esfuerzos no son reconocidos por nadie. ¿Cómo determinar el punto exacto en que el egoísmo deviene altruismo?

Convincente es Lasala en el papel. Sus frases pueden ser oídas cien veces al día en avenida Providencia, de boca de las madres de adultas jóvenes, en compañía de sus hijas. Y el tono de voz de la actriz, exagerado aquí, logra un efecto impresionante: hace insoportables sus opiniones y vuelve superficiales sus emociones. Doble pregunta la que despierta.

Uno y el resto del mundo

Willy Semler hace que el carácter de Robert sea sólido. La voz y las pausas, las niñerías y la rabia, el cuerpo entero que tiembla es un festín de dudas. Sus gestos amarran a los diferentes personajes en escena, nunca puede uno dejar de lado el hecho de que Semler está sobre el escenario. Robert siempre está allí, condicionándolo todo, sufriendo y exigiendo.

Porque el genio matemático, además de incapaz de valerse por sí mismo, es un chantajista. Saberse trastornado no le basta para evitarle a nadie el dolor. Todo lo contrario, parece disfrutar cuando obliga su hija a verse reflejada en él, a adivinar su futuro y su herencia. Esa tortura Semler la ejecuta muy bien. No caricaturiza a un viejo mañoso. En él está al escuela y el talento.

Notable la escena de la nieve, cuando la irracionalidad desquicia a cualquiera. Se luce allí también su contraparte, Catherine. Interpretada por al debutante Moira Quappe, simplemente cede por una combinación de cariño, miedo e inseguridad. La actriz de la Universidad Católica supera bien las exigencias del personaje. Transmite inseguridad e inmadurez emocional, se ve una joven carente de afectos y su cuerpo habla como el de una púber. Lo mejor: no intenta avasallar a nadie, el protagónico es parte de un sistema al que respeta.

Catherine se sabe también brillante, pero nadie más le considera así. De ahí que todo el relato se la pase quejándose, temiendo y atendiendo cualquier esbozo de piropo. Porque el asunto son los límites. Los bordes que nos separan a unos de otros. A mí del resto. Si todos creen que Robert está loco, no importa lo que él piense; si nadie apuesta porque Catherine pueda haber ideado una fórmula tan brillante como la de su padre, ella está dispuesta a renunciar a su autoría. También la opinión ajena es la motivación de Harold –quizás el más mezquino de los personajes– quien busca fama para que le consideren capaz y le den una cátedra.

“Proof” ilustra el rol de los límites y examina cuánto cuesta deshacerse de las pequeñas seguridades que cada uno va logrando en la vida, aunque se trate de certezas negativas, autoflagelantes o victimizantes. La confianza, cuando demostrada, pende de esos hilos. Una vez aplicado el método científico, ni modo de tener fe.

Por Romina de la Sotta 29/05/2003


David Auburn:

A sus 32 años este autor nacido en Chicago se ha convertido en uno de los referentes del teatro contemporáneo estadounidense, tras haber recibido en 2001 los premios Pulitzer y Tony a la mejor obra teatral por La Prueba (Proof), su segundo trabajo estrenado y el primero en el que trataba una historia realista, ya que se inició escribiendo sketches de humor absurdo.


En este enlace podrás ver fotos de esta obra presentada en Estados Unidos.