EL METEORITO

Cuando escuché sobre la caída de un meteorito en una pequeña aldea de Brasil no pensé que eso iba a ser el inicio de una nueva aventura en mi quehacer como detective.

Tras delimitar el lugar donde el meteorito había caído, una destacada científica se dirigió al lugar, por orden de su gobierno, para investigar la configuración de este viajero del espacio. Allí descubrió con espanto que el meteorito venía cargado de peligrosísimas esporas. A través de estas esporas, la gripe galáctica podría atacar, si se esparcía, a todo nuestro planeta.

Ella sabía que no debía tocar nada ya que el virus de la gripe galáctica se transfiere rápidamente de un organismo a otro, o de un organismo a un objeto, que, a su vez, puede contaminar a cualquier otro organismo u objeto que lo toque.

Al correr hacia la radio para informar de la gravedad de la situación la científica se cayó, sufriendo múltiples fracturas que obligaban a practicarle de inmediato tres operaciones.

Por fortuna la aldea contaba con tres doctores. El doctor Pérez quien hará la primera operación, el doctor Vásquez la segunda, y el doctor Barrientos la tercera, pero con un gran problema: no sabían si la científica en su caída se había infectado con el virus.

Mi participación en este caso comenzó cuando se descubrió que en la pequeña aldea habían sólo dos pares de guantes esterilizados y no había tiempo para esterilizarlos de nuevo una vez usados. Y, obviamente, cada cirujano debe usar las dos manos para operar.

Ante tal situación se comunicaron conmigo para ver si existía alguna solución para practicar la operación sin correr el peligro de infectarse mutuamente.

Les comuniqué que podrían cumplir su tarea sin riesgos explicándoles la forma de usar los guantes de manera que ninguno de ellos contagie a otro ni tampoco a la científica, ni se contagiará de la científica.

SOLUCIÓN