¿Se aprenden matemáticas haciendo los deberes?Pilar
Lacasa, María Albuquerque e Inmaculada Sola ResumenLa
enseñanza y el aprendizaje de la matemática han sido objeto de múltiples
trabajos que muestran como las dificultades relacionadas con estos
procesos proceden, entre otras muchas razones, de la necesidad de que
quienes aprenden consideren significativas las tareas a las que se
enfrentan, teniendo en cuenta las peculiaridades de esta forma de
conocimiento. Es necesario, por una parte, que en las aulas no se
pierda de vista el carácter formal de esta ciencia y, por otra, sus
posibles aplicaciones a la realidad cotidiana. En este trabajo se
revisa esta problemática y se ilustra con algunas interacciones en el
hogar cuando una niña de cuarto curso de E.G.B. trabaja con su madre,
primero, y con su hermano, después, tratando de resolver un problema
de matemáticas. El análisis se apoya, desde una perspectiva metodológica,
en las aportaciones de la etnografía y la psicología discursiva. Los
resultados muestran, por una parte, que no siempre es fácil la
presencia de esas dos características del pensamiento matemático en
las situaciones de enseñanza - aprendizaje y, por otra, cómo la
interacción con los iguales puede facilitarla. Palabras clave:Deberes,
estrategias de enseñanza - aprendizaje, familia, matemáticas,
interacción entre iguales, interacción niño - adulto, zona del
desarrollo próximo. Datos sobre las autoras:Pilar
Lacasa: Es Catedrática de
Psicología Evolutiva y de la Educación en la Facultad de CCEE de la
Universidad de Córdoba. En la actualidad investiga, desde una
perspectiva etnográfica, la presencia de diferentes códigos de
comunicación en la escuela. Dirección: Departamento de Educación.
Facultad de CCEE. priego de Córdoba 4, (14013) Cordoba. FAX: 957
218923. E Mail: placasa @uco.es María
Albuquerque: Licenciada en
Psicopegagogía y estudiante de Tercer Ciclo en la Universidad de Córdoba.
Investiga en la actualidad la presencia de distintos mediadores simbólicos
en las aulas, especialmente la televisión. Dirección: Departamento
de Educación. Facultad de CCEE. Priego de Córdoba 4, (14013)
Cordoba. candelas@alcavia.net Inmaculada
Sola: Es licenciada en
Psicopedagogía y becaria de Docencia de la Junta de Andalucía en
el Departamento de Educación de la Universidad de Córdoba. Investiga
e imparte docencia relacionada con cuestiones de metodología de las
ciencias sociales y le interesan, además, las cuestiones relacionadas
con el tema de la interacción entre iguales como contexto de la enseñanza
y el aprendizaje. Dirección: Departamento de Educación. Facultad de
CCEE. Priego de Córdoba 4, (14013) Cordoba. Abstract
This
paper explore how difficulties in teaching and learning mathematics
are related to the fact that the tasks proposed need to be meaningful
for people involved in these processes. Moreover, to examine how
mathematics could be introduce in the classrooms, the specificity of
the mathematical knowledge is considered by taking into account both
his formal dimension and his functional character in every day life.
Some examples are taken coming from a homework situation when a fourth
grade girl collaborates successively with her mother and brother to
solve a math problem as appears in the text book. The analysis adopted
a methodological perspective supported by microethnography and
discourse analysis. Firstly, the results show how it this difficult to
merge together the functional and formal dimensions of the
mathematical knowledge in the classroom learning and, secondly, how
peer interactions facilitates the learning process. Key words:Homework,
teaching and learning strategies, family, mathematics, peer
interaction, adult - child interaction, zone of proximal development. ¿Se
aprenden matemáticas haciendo los deberes?
Pilar
Lacasa, María Albuquerque e Inmaculada Sola Seguramente quien haya
escuchado alguna vez las conversaciones que tienen lugar en el hogar,
cuando niños y niñas hacen sus deberes de matemáticas colaborando
con las personas adultas, se preguntará si en esas situaciones se
aprende realmente esta disciplina. En esos momentos las personas
parecen más preocupadas por terminar la tarea lo antes posible,
realizar mecánicamente una serie de cálculos o encontrar la solución
de un problema que debe coincidir con la que aparece en el libro de
texto. Si profundizamos algo más en esa pregunta nos damos cuenta de
que tras ella pueden esconderse otras muchas, por ejemplo: ¿cuál es
la relación entre estas prácticas y las que llevan a cabo los matemáticos
profesionales cuando resuelven problemas o las personas que, en su
vida cotidiana, necesitan acudir a ellas? En este momento las
distancias entre el conocimiento que se aprende en la escuela y el que
se utiliza fuera de ella comienzan a hacerse cada vez más grandes. En
las páginas que siguen nos acercaremos a algunas de estas cuestiones
y para ello, tras acercarnos a la problemática que implica la enseñanza
de la matemática en la escuela, considerando algunos trabajos que se
han ocupado del tema, revisaremos el modo en que una niña de cuarto
curso trabaja sobre un problema de matemáticas en primer lugar con su
madre y, posteriormente con su hermano. Los diálogos pueden ser una
muestra de cómo a veces los iguales pueden aportar mejores
estrategias para acercar las matemáticas a la vida cotidiana que las
personas adultas. Enseñar matemáticas en la escuelaExcede los límites de estas páginas
revisar las múltiples direcciones por las que se han orientado los
trabajos que se han ocupado de la enseñanza de la matemática en la
escuela y fuera de ella. Aludiremos solamente a algunos de ellos que,
de una forma u otra, han tenido una mayor influencia en nuestra
investigación cuando hemos tratado de buscar algunos puentes que
permitan establecer nexos entre lo que se aprende en la escuela y
fuera de ella. Diferentes autores (por
ejemplo, Brilliant-Mills, 1994; Cobb, 1994; Cobb y Bauersfeld, 1995;
Cobb, Wood, y Yackel, 1993; Pimm, 1995; Rivière, 1990) coinciden en
señalar que el conocimiento matemático se originó con intereses prácticos,
basta recordar que la matemática permite establecer relaciones entre
los objetos, sugeridas muchas veces por el mundo material y los
objetos físicos. Pero no podemos dejar de reconocer que más allá de
este mundo de una matemática elemental, lo esencial de esta forma de
conocimiento es aportar a la mente humana la capacidad de prescindir
de las limitaciones que imponen al conocimiento cotidiano la necesidad
de contextualizarlos en espacios y tiempos precisos (Piaget, 1967).
Los conceptos matemáticos, se nos dice, no están contenidos en los
objetos, sino que se refieren a ellos. Un aspecto importante, por lo
tanto, es considerar hasta que punto la matemática puede ser enseñada
únicamente como una forma de conocimiento abstracto que se apoya,
sobre todo, en lenguajes formales a través de los cuales se expresan
sus proposiciones. Quienes se han ocupado de la
enseñanza de la matemática han insistido también en la idea de
que esta forma de conocimiento debe ser reconstruida por el alumnado
pieza a pieza, de forma significativa sobre la base de experiencias
anteriores y de concepciones que son fundamentalmente contextuales.
Tratando de unir esta doble línea de trabajo podemos citar las
aportaciones de Leino (1990) cuando presupone que existen dos procesos
de construcción de la matemática cuando éstos se llevan a cabo en
el contexto escolar. Se refiere, por una parte al del profesorado o
las personas adultas, y por otra al de los alumnos y alumnas, sobre
todo en la escuela elemental. A su juicio, el único modo de que los
alumnos aprendan matemáticas es que reconstruyan los conceptos básicos
de la matemática de un modo significativo. Desde esta perspectiva se
trataría de proporcionar contextos adecuados para que se produzca esa
“matematización”, algo que supone alejarse de una perspectiva que
considera los conceptos de la matemática como algo ya hecho. En la línea que acabamos de
señalar, algunas investigaciones llamadas “constructivistas”
suponen como principio fundamental de la adquisición del conocimiento
en matemáticas que éste se elabora sobre la base de algo existente.
No se trata de que las alumnas y los alumnos vayan adquiriendo piezas
como algo definitivamente dado ni tampoco de abrir sus ojos a
realidades absolutas. De acuerdo con Von-Glaserfeld (1987), los
conceptos matemáticos han de ser construidos individualmente tomando
como base las propias concepciones del alumnado y su conocimiento
previo. En ese proceso de construcción desempeñan un papel
importante los conflictos cognitivos que, como hace ya mucho tiempo señaló
Piaget (1974), son necesarios para la creación de desequilibrios, uno
de los mecanismos más importantes en la construcción cognitiva.
Referido todo ello al terreno de la enseñanza y aprendizaje de la
matemática se advierte pronto la importancia que, desde este enfoque,
va a tener el error . Muchas veces los alumnos y las alumnas siguen
reglas erróneas, que no son siempre fáciles de captar para la
persona adulta que colabora en la resolución de los problemas matemáticos
o enseña a lograr la solución; es importante tener en cuenta que las
respuestas correctas pueden ser logradas a partir de estas reglas, y
para ello son necesarios procesos de comunicación. “La educación matemática debe centrarse en el desarrollo del “poder matemático”, lo que significa el desarrollo de habilidades relacionadas con los siguientes aspectos: la comprensión de conceptos y métodos matemáticos, el descubrimiento de relaciones matemáticas, el razonamiento lógico y la aplicación de concepto, métodos y relaciones matemáticas para resolver una variedad de problemas no rutinarios” (Schoenfeld, 1989, p. 86). Resulta difícil negar las
afirmaciones que hace Schoenfeld en el texto anterior pero lo que
parece más complejo es delimitar los caminos concretos a través de
los cuales esa meta puede lograrse. Es decir, el problema es cómo
hacer posible que en las aulas esté presente el descubrimiento del
razonamiento matemático, sobre todo si tenemos en cuenta que no
existe sólo una forma de pensar matemáticamente, algo que se
comprende mejor si se consideran algunos estudios que han revisado el
modo en que la matemática
está presente en la vida cotidiana. A esta cuestión nos referiremos
a continuación. Distintos trabajos han
explorado el contraste entre el modo en que se aprende y enseña la
matemática en situaciones cotidianas y escolares. Podemos destacar,
por ejemplo, un estudio pionero en el tema, realizado por Silvia
Scribner (1984) en el que se exploran las actividades que deben poner
en práctica los trabajadores de una planta lechera industrial en un
entorno urbano, más concretamente, cómo las operaciones matemáticas
están presentes en los procesos de almacenamiento, distribución,
recuento o cálculos sobre las existencias, etc. Este trabajo mostró
que estos conocimientos matemáticos tienen poco que ver con lo que se
aprende en la escuela. Profundizando en el mismo tema Terezina Nunes y
colaboradores (Nunes, 1995; Nunes y Bryant, 1996; Nunes, Schliemann, y
Carraher, 1993) han profundizado en las diferencias que se producen en
las estrategias de conocimiento utilizadas por las mismas personas
cuando se enfrentan a problemas matemáticos similares en contextos
distintos. Es interesante leer en detalle la distinción que estos
investigadores establecen entre esos contextos diferentes a los que se
refieren como formales e informales, teniendo en cuenta que en ambos
se aprenden a resolver problemas matemáticos: “En la escuela tiene lugar una gran cantidad de práctica, ello permite a los estudiantes aplicar lo que se les ha enseñado con el fin de resolver problemas diseñados para aplicar el conocimiento que supuestamente se transmite con la ayuda de símbolos matemáticos escritos. Los resultados de los cálculos realizados en la escuela no son utilizados en ese momento, aunque si simulados “como si” los contextos estuvieran realmente presentes. Generalmente, la práctica tiende a ser vista como un fin en sí misma o como medio para facilitar la adquisición de destrezas y conocimientos relacionados con el curriculum. Por el contrario, en las actividades “semi-expertas” que se encuentran fuera de la escuela, la matemática tiende a ser usada como un instrumento para lograr otras metas, por ejemplo, vender o medir (...). La enseñanza sistemática y explícita de conceptos, símbolos o procedimientos matemáticos parece ser poco habitual en la mayor parte de los contextos ajenos a la escuela” (Schliemann y Carrether, 1992, p. 48). Lo que vienen a decirnos Ana
Lucia Schlieman y David Carrether es que una de las metas más
importantes de las situaciones escolares es reforzar la práctica para
asegurar la adquisición de conocimientos que, supuestamente, se
transmiten con ayuda de símbolos. Sin embargo, en la vida cotidiana
la matemática, cuando se utiliza, suele ser un instrumento para
lograr otras metas. Sobra casi decir que al atribuir al conocimiento
matemático, presente en la vida diaria, un valor funcional se
excluyen otras de sus características. En suma, todo esto nos sugiere
que la escuela deberá combinar diversas aproximaciones al pensamiento
matemático, tratando de unir, por una parte, las peculiaridades de
esta forma de conocimiento que caracterizan el trabajo de los
profesionales en este campo y, por otro lado, su valor funcional fuera
de las aulas. Veremos ahora un ejemplo concreto de la enseñanza de la
matemática que tiene lugar en el hogar cuando una niña logra
resolver un problema trabajando con su hermano. El diálogo que se
produce entre ambos muestra, más concretamente, las posibles
dificultades que pueden surgir cuando se trata de combinar los dos
aspectos citados. Nos referiremos antes, muy brevemente, a la
importancia que puede tener en este contexto la colaboración entre
iguales, incluso cuando uno de ellos puede considerarse experto. El
concepto de Zona de Desarrollo Próximo, bien conocido por quienes se
han interesado en la obra de Vygotsky (Cole, 1985; Newman, Griffin, y
Cole, 1989; Rogoff y Wertsch, 1984; Wertsch, 1984) , tiene ahora
especial interés. No vamos a detenernos en él pero señalaremos tres
aspectos que, derivados de ese concepto, ayudan a interpretar los
procesos de aprendizaje al que acabamos de aludir y que tiene lugar
cuando una niña de cuarto curso de E.G.B. interactúa con su hermano
resolviendo un problema de matemáticas. 1) Debemos fijarnos en cómo las dos personas deben ir, progresivamente, construyendo una representación conjunta del problema que han de resolver. Si bien en un principio los participantes no definen la tarea de la misma manera, dicha definición se va aproximando en el curso de la interacción. 2) Ambos participantes desempeñan un papel activo. Así, el niño que en este caso actuará como enseñante aporta sus propias habilidades y adopta una particular responsabilidad segmentando la tarea y presentándola de forma que ayude a su hermana a resolver el problema. Ella, por su parte, irá planteando dificultades que obligan al niño a reajustar sus estrategias de enseñante. 3). La interacción está organizada de forma funcional y dinámica, orientada a la resolución del problema. En esta organización podemos prestar especial atención a la definición de la tarea y a las actividades que progresivamente se van introduciendo para lograr la meta. En suma, en este caso el
aprendizaje de la matemática puede considerarse en el marco de un
proceso de interacción en el que se produce un proceso de apropiación
que tiene lugar a través de la colaboración de quien aprende con
otras personas que, al menos en un primer momento, adquieren la
responsabilidad ante las tareas. Buscando el camino para resolver un problemaLa tarea en la que trabajan
Patricia y su hermano es una de los que habitualmente aparecen en los
libros de ejercicios de matemáticas. Es representativa, quizás, de
lo que algunos profesores y profesoras en las escuelas más
tradicionales pueden considerar un buen camino para favorecer el
aprendizaje de esta disciplina. El enunciado del problema, tal como
aparecía en el libro de texto, y la solución laboriosamente
construida es la siguiente: Figura
1. Resolver problemas en el cuaderno de ejercicios El
problema de Patricia Al comentar el proceso de
interacción que tiene lugar en el hogar nos detendremos tanto en las
situación interjectiva que se produce, y a la que acabamos de aludir,
como en los procesos de enseñanza y aprendizaje relacionados con
estos contenidos. Nos gustaría mostrar, además, que ambos son difícilmente
separables. Observaremos también, del mismo modo en que podría
mostrarlo una radiografía, muchas de las dificultades de aprendizaje
con las que se encuentran los más pequeños, y también problemas de
enseñanza a los que se enfrentan las personas mayores. Planteamiento materno del problema: aproximación al concepto principalVeamos ahora como madre e hija
se acercan al problema. Incluso recordando nuestra propia experiencia
en situaciones similares es fácil darse cuenta de que estamos ante
una aproximación bastante habitual que se compone de dos pasos,
primero, la lectura del problema y, segundo, tratar de descubrir
“aquel concepto clave” que nos permitirá a resolverlo. Más
concretamente tres aspectos han llamado nuestra atención: a) la madre
busca ese “concepto clave” al que acabamos de aludir y que en este
caso, es el de “un tercio”, si bien la persona adulta lo define
como la tercera parte de algo, la niña no parece comprenderlo y ello
le conduce a errores que la madre no sabe aprovechar para orientar su
proceso de comprensión; b) las estrategias maternas se orientan a
buscar la solución correcta, de acuerdo con su propia representación
adulta del problema; c) existe una relación de relativa asimetría
entre madre e hija que quizás deja poco lugar a una participación
activa por parte de la pequeña. Pero veámoslo en la conversación. 196.
Patricia: A ver... “¿cuantas botellas de un tercio de litro
puedes llenar con seis litros?” 197.
Madre: ¿Cómo, cómo? ¡repítemelo! 198.
Patricia: “¿cuántas botellas de un tercio de litro puedes llenar
con seis litros...?” 199.
Madre: A ver, ¿qué es un tercio? ¡algo tiene que ser! 200.
Patricia: seis ... 201.
Madre: ¡es la tercera parte de un litro! 202.
Patricia: Ah!! ¿divido seis entre ...? Casi inmediatamente después,
sin prestar atención al error de su hija, la madre tratará de
imponer su modelo dando ocasión a mayores dificultades todavía y, en
ningún momento, facilitará el razonamiento infantil. Cada una parece
haber construido su propio modelo de la tarea, es decir, de la solución
y del camino que pueden recorrer para lograrla. La niña, si bien
parece entender el significado del concepto de forma nominal,
confunde unas cifras con otras y no sabe realmente cuál es la
cantidad total de la que debe obtenerse “un tercio”, 205.
Madre: ¿cuantas botellas de un tercio de litro? 206.
Patricia: un tercio es la tercera parte 207.
Madre: ¡puedo llenar con seis litros! 208.
Patricia: ...(dudosa) es la tercera parte de seis ¿no? 211.
Madre: Patricia (se ríen las dos) 212.
Patricia: ¿es eso? Di! ¿son dos? 213.
Madre: ¡¡ si yo..!! 214.
Patricia: Si es la tercera parte ¿no? Si me dan seis litros....
pues la tercera parte de seis son dos ... La madre quiere reorientar el
problema, pero continúa sin fijarse en la representación que de él
ha construido la niña, que incluso sugiere la estrategia del dibujo. 228.
Madre: oye, .. he dicho que.. tres partes del litro...entonces por
cada litro podrían ser ... 229.
Patricia: ¿sabes lo que dice la señorita? ¡que cuando no sepamos un
problema que nos lo dibujemos...! A ver, pongo botellas,
botellas... A partir de este momento se
pierde una ocasión para que la madre utilice estrategias que,
apoyadas en representaciones visuales o incluso en la manipulación,
faciliten a la niña aplicar en una situación cotidiana el concepto
de “un tercio”. Tanto la persona adulta como la niña se pierden
en discusiones complejas, difícilmente comprensibles y pasan cinco o
diez minutos en una conversación en la que se producen continuos
bloqueos interrumpidos por una llamada telefónica a la madre. En este
momento Patricia comienza a colaborar con su hermano. La interacción de Patricia con su hermanoEl diálogo que surge a partir
de este momento es realmente distinto al anterior. A nuestro juicio el
niño que ejerce el papel de enseñante es capaz de establecer
relaciones entre el lenguaje abstracto de la matemática y el mundo físico.
De este modo se facilita la comprensión de Patricia. 275.
Carlos:: A ver, ¿cuál es el problema? 276.
Patricia: Mira, “cuantas botellas de un tercio de litro puedes
llenar con seis litros? Veremos ahora cómo, si bien
ha comenzado a utilizar una estrategia similar a la de su madre, es
decir, definir el concepto central del problema, a saber, “qué es
un tercio”, enseguida se introducen novedades. 278.
Carlos: un tercio de litro 279.
Patricia: si 280.
Carlos: un tercio de litro es .. un litro .. 281.
Patricia: mas.. 282.
Carlos: ... partido por tres .. 283.
Patricia: ahh! ... 284.
Carlos: ¿no? 285.
Patricia: si! 286.
Carlos: un tercio de litro.. es un litro partido por tres ...o sea
que...eh... tres veces un tercio de litro ... Hasta ahora Carlos seguramente
ha manejado un concepto escolar para definir que es un tercio: “uno
partido por tres”. Al darse cuenta de que su hermana no lo entiende
trata de ser más explícito pero las dificultades continúan. Podíamos
evitar la transcripción que sigue y que, seguramente, generará una
cierta angustia en el lector o lectora que la siga en detalle. Hemos
preferido introducir algunas partes para mostrar cómo la matemática,
ajena al contexto en el que se genera, puede convertirse de hecho en
una de las disciplinas más difíciles del curriculum. 296.
Carlos: Porque un tercio ¿cuánto es? ¿uno partido por tres? 297.
Patricia: un tercio ¿qué cuanto es? 298.
Carlos: uuuu (asintiendo..) 299.
Patricia: ¿un tercio? tres... cero coma tres... 300.
Carlos: ¿cero coma tres? ... eso significa que cero coma tres ... 301.
Patricia: por tres .. En la conversación anterior
Carlos está utilizando, lo mismo que lo hacía su madre, estrategias
propias de la escuela, un buen ejemplo de ello es la introducción de
los “decimales”. La niña sigue sin comprenderlo. Será necesario
que Carlos proponga un ejemplo, tomado de la vida cotidiana, aunque
con marcado carácter escolar, para que las dificultades se vayan
superando. Patricia y su hermano acuden a la vida cotidianaCarlos, al comprobar que su
hermana encuentra importantes dificultades utiliza un sencillo ejemplo
que, este caso, resulta más eficaz que cualquier explicación de las
personas adultas. En lugar de hablar de dividir una botella de vino en
tres partes, prefiere hablar de una manzana. Desde este momento la
situación didáctica mejora notablemente, la pequeña comienza a
comprender, al menos en esa situación. 376.
Carlos: uno dividido entre tres .. porque una manzana .. 377.
Patricia: si ...la divido entre tres .. me da tres manzanas... 378.
Carlos: AAA!!! ... o sea, cero coma tres de manzana ... a cada
persona ...muy bien 379.
Patricia: Si El niño tratará ahora de que
su hermana comprenda qué relación existe entre el ejemplo que
manejan y la situación que aparece en el libro. Aunque Patricia
parece ir comprendiendo, el problema es más difícil de lo que parece
y vuelven a producirse algunas complicaciones. No
es sencillo pasar de la vida cotidiana a los ejemplos y situaciones
del libro. 380.
Carlos: Si tu tienes ... un litro ... ¿a qué corresponde en el
problema que te he dicho con manzanas y personas ? ¿a qué
correspondería? 381.
Patricia: ¿Un litro? a cero coma ... para cada persona! 382.
Patricia: Se ríe 383.
Carlos: No! ¡en lo que te he dicho yo! ¡yo te he dicho manzanas y
personas! ¿un litro a qué correspondería? 384.
Patricia: A cero coma tres ... 385.
Carlos: ¿A qué correspondería? 386.
Patricia: (grita) ¡es que no lo entiendo! 391.
Carlos: No, habría personas ... y manzanas 392.
Patricia: Vale .. hay ahí ... botellas ... aHH! ¡que cuando le
corresponden a cada botella? 393.
Carlos: No! ¡que cuál le corresponde a cada uno! “Dividir” en la vida cotidiana: “repartir”Viendo los problemas de su
hermana, el niño volverá a la vida cotidiana y precisará, a su
manera, que lo que matemáticamente llamamos división puede
corresponder realmente a un reparto que supone haber partido algo
previamente. 408.
Carlos: Pero ¿sabes que las tienes que repartir por tres? 409.
Patricia: si 410.
Carlos: ¿Estás segura? 411.
Patricia: Si!!! 412.
Carlos: Porque claro, las manzanas las tienes que partir por tres
.. 413.
Patricia: Si Una vez aclarado el ejemplo se
volverá de nuevo al libro de texto y se reformula el problema. Ahora
la representación de quien aprende y enseña parece converger. 414.
Carlos: ... Las personas .. ¿cuantas? ¿qué es lo que queremos
saber? 415.
Patricia: Cuántas botellas podemos llenar? 416.
Carlos: ¿o? ¿en el caso de las manzanas? 417.
Patricia: a cuantas personas les ..... 418.
Carlos: ... les damos manzanas! 419.
Patricia: !eso es! Tal como hemos indicado no
basta con repartir, es necesario partir. 420.
Carlos: ¿en cuántos cachos tienes que partir la manzana para que
salga un tercio de manzana? 421.
Patricia: en tres .. Colaborar para descubrir la soluciónYa no se habla sólo de
manzanas sino también de litros, se va a ir descubriendo el
significado de la analogía. 422.
Carlos: ¿En cuantos cachos tienes que partir el litro para que
salga una botella de un tercio? 423.
Patricia: En tres 424.
Carlos: En tres.. o sea ... que a cada persona le toca un tercio .. y
tienes que partirle esto entre tres! ¿cuantas personas vendrán? 425.
Patricia: Eh... si la manzana... pues tres personas .., no, una
personas... no tres.. 426.
Carlos: tu tienes la manzana .. 427.
Patricia: si 428.
Carlos: y la partes entre tres ... 429.
Patricia: si 430.
Carlos: ¿a cuantas personas les toca? Finalmente, Patricia y su
hermano lograron descubrir la solución del problema. 437.
Patricia: “¿Cuantas botellas de un .....ah! 439.
Carlos: tienes tres tercios cuando..... 440.
Patricia: pues entonces puedo llenar diez y ocho ... 441.
Carlos: Porque? 442.
Patricia: Porque ¡como es un tercio .... 443.
Carlos: Porque cada .. 444.
Patricia: Cada litro ... tiene cuatro, pero hay que partirlo a tres
... 445.
Carlos: entonces tienes tres botellas 446.
Patricia: si ... ¡como son seis litros, por tres diez y ocho ...! ¡Lo
comprendí...! Nos queda ahora reflexionar
brevemente sobre la situación que acabamos de transcribir. Pensamos
que Patricia y su hermano han trabajado en una zona de desarrollo próximo,
que nos atreveríamos a llamar colectiva en cuanto que es inseparable
de la interacción misma. Patricia aprende qué es dividir a la vez
que su hermano va mejorando sus propias estrategias de enseñanza, de
este modo el niño va haciendo explícito lo que él ya sabía si
bien, a la vez, lo va reelaborando. Pero entonces ...¿se aprende matemáticas haciendo los deberes?Estamos casi seguras que quien
nos haya seguido hasta aquí habrá comprendido, al menos, que no es fácil
responder a la cuestión de si es posible aprender matemáticas
haciendo los deberes. Son posibles, sin embargo, algunas precisiones. Diremos, en primer lugar, que
ese aprendizaje parece estar estrechamente unido a las situaciones de
interacción que mantienen quienes aprenden y enseñan. En este
sentido, parece difícil que los niños y niñas lleguen a pensar mtemáticamente
cuando las personas adultas que dirigen su trabajo tienen simplemente
una representación mecánica de las tareas. Por el contrario, cuando
el proceso se presenta como una construcción conjunta de conocimiento
es más fácil que llegue a producirse un aprendizaje significativo
que, en ocasiones, aproxima la reflexión a lo que algunos autores han
considerado “la verdadera naturaleza del conocimiento matemático”. En segundo lugar, debemos
reconocer que los deberes relacionados con la matemática contribuyen,
quizás más que otros, a crear en el hogar situaciones escolares que
alejan el pensamiento matemático de la vida cotidiana. A nuestro
juicio un cambio de dirección orientado a tender puentes entre la
escuela y el hogar exigirá que niños y niñas lleven a casa otro
tipo de tareas y que, además, las familias conozcan y sean
conscientes de que le maestro o la maestra pretenden establecer esos
puentes. Diremos, en tercer lugar, que
cuando dos personas trabajan en la zona de desarrollo próximo hemos
de entender que dos mentes colaboran en el la resolución de un
problema. En este caso hemos encontrado dos situaciones que ahora
posible comparar, la relación de Patricia con su mare y,
posteriormente con su hermano. Nuestros datos revelan, en ocasiones,
la interacción con los iguales hace más fácil la construcción
conjunta del conocimiento, quizás, porque las representaciones de
quienes interactúan están mucho mas próximas entre sí. En otros
trabajos hemos encontrado situaciones similares (Lacasa, Pardo,
Herranz-Ybarra, y Martín, 1995). Decíamos anteriormente que la
interacción en la zona de desarrollo próximo supone que la
colaboración está orientada a la adquisición de nuevas habilidades.
Es importante notar, en este sentido, que es el niño y no madre quien
da el salto del pensamiento abstracto a la realidad cotidiana. La
persona adulta se queda únicamente en el nivel del pensamiento
abstracto. Nos gustaría pensar, en definitiva, que una forma de
pensar matemática está más presente en la interacción con el
hermano. Destacaremos, por último, que
las situaciones sociales en las que niños y niñas hacen sus deberes
son inseparables de los procesos de conocimiento que se actualizan en
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